domingo, noviembre 06, 2005

Do you read?


Despegando la sombra del suelo
Daniele Del Giudice
Traducción de J.A. González Sainz
Editorial Anagrama, 1996
ISBN: 84-339-0828-6
194 páginas



Comparadas con la literatura de tema marítimo, que constituye un género literario en sí misma, las novelas que tratan sobre el mundo de la navegación aérea son considerablemente escasas. Todo indica que, en general, el mar y los barcos despiertan más interés en escritores y lectores que el aire y los artilugios voladores. Sin embargo, seguramente es difícil encontrar una novela náutica contemporánea que sea innovadora, sorprenda e impacte incluso a aquellos a los que el tema no les atraiga especialmente. Despegando la sombra del suelo, en cambio, atrapa al lector independientemente de que éste sea o no amante de los aviones. Es muy de agradecer que Del Giudice no se reserve en ningún momento para sí ni para sus personajes el papel de héroe de la aviación; todo lo contrario, los pilotos que aparecen sienten el pánico que sólo puede sentirse cuando su sombra ha despegado del suelo, dudan sobre lo que deben hacer en casos de emergencia, cometen errores imperdonables, se avergüenzan, caen heridos en combate e incluso mueren. Estamos hablando entonces de personajes reales, con un fondo de humanidad que hace que suframos con ellos la falta absoluta de orientación entre las nubes. Quien suba a uno de los aviones de Daniele Del Giudice verá en seguida que, mucho más allá de las imágenes tópicas sobre la libertad al volar, en las que fácilmente podría haber caído, la terrible dificultad del pilotaje es exactamente la que encontramos todos para alcanzar nuestro destino. Así lo plasma en hermosas imágenes como la del niño-avión que se convirtió en piloto al crecer, la de los fantasmas de dos pilotos que describen sus últimos segundos (literalmente) como si fuesen horas, la del lacónico instructor de vuelo que hace ver al piloto inexperto que gracias al error se ve el error; el anciano aerotorpedero que explica sus batallas en el Mediterráneo, el piloto que se desorienta y trata de disimular su pánico (el miedo al ridículo es casi mayor que el miedo a la muerte) o el --sencillamente impresionante-- fragmento sobre el avión hundido y luego rescatado y el cruce de conversaciones por radio previo al desastre. No hay, pues, héroes en este libro, en todo caso personas y máquinas que contradicen a la naturaleza y, aunque nunca dejen de sentir miedo, despegan su sombra del suelo y, por lo tanto, viven.